
Cuando con mi nuera empezamos a buscar lugares para pasar nuestras vacaciones de invierno, elegimos El Castillo porque tenía actividades para los chicos. ¡Qué ingenuas! Nunca contamos con los Fábrega. Con la magia de los Fábrega. Aquí nos esperaba la tanguera, el saxofonista, el enólogo, Fabián, Sandro, Leo, Paola, Gonzalo, Miguel. Gente que sabe lo que hace y quiere lo que hace. Ojalá podamos volver mil veces. Traer un montón de gente. A bailar tango, chacarera, salsa, a cantar, a comer, a jugar. A jugar a mil juegos distintos. Porque de eso se trata la vida. Mil, un millón, infinitas gracias de Graciela… de mi hija de toda la vida, de mis nietos, que nunca los olvidaremos. Que nunca olvidaremos a estos tres maravillosos jóvenes argentinos que apostaron a lo que hay que apostar: a este maravilloso, incomparable y nuestro país.